Mi País ya no cree
en las vidrieras donde solía mirarse.
Ahora inventa respuestas
en la luz de los ciegos
como conjuro a las interpretaciones.
Mi País ya no visita
los parques donde sentaba sus noches
allí le llaman nacional como pecado,
allí los dedos apuntan
la costura en sus bolsillos
ahora recorre esas calles
donde el salitre le nubló las ganas
y cada semáforo
es la ola que lo devuelve.
Mi País ya no confía
en las paredes que alguna vez lo sostuvieron
(marcadas hoy por la pintura de siempre).
Ahora rompe sus lanzas en las esquinas
para dar testimonio
Mi País ha manchado sus sábanas.
Apenas vislumbra sus sueños;
pero no descansa
le sobran fuerzas para calzar caminos
aunque hasta hoy acumule
tres oficios
  dos fracasos
    y una muerte.

Enmohece en mi puerta el cartel
donde declaro:
ni compro ni...

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