A través de sus ocho capítulos y sus conclusiones se hace un excelente estudio y comparación entre el estado laboral a que llegó Cuba a partir de la Constitución de 1940 y lo que han venido a ser las condiciones del trabajo y de los obreros cubanos bajo el comunismo. Como sucedió en Rusia cuando Lenin, el gobierno communista ha proclamado en Cuba que “la clase trabajadora no debe luchar por migajas, sino por la conquista del poder político” que, desde luego, es para el grupo comunista organizado.

De acuerdo con el principio anterior, el fin del trabajo consiste únicamente en el engrandecimiento del Estado, sin que el ser humano como tal y sus relaciones familiares y sociales cuenten para nada. En el libro se compara, citando magníficas y recientes fuentes de información, la forma de proceder el comunismo en Rusia y otros países con la que ha utilizado en Cuba, y se demuestra cómo las más de las veces las disposiciones puestas en vigor en Cuba son simples copias de las que rigen en Rusia, sin que hayan importado para nada las distintas condiciones geográficas y sociales de uno y otro país.

En los diferentes capítulos puede observarse cómo la empresa privada desaparece y la propiedad particular queda reducida a bienes de tipo personal; cómo los bienes de capital pasan todos al Estado omnipotente y las condiciones del desempleo se desconocen porque el Estado oculta los resultados de los censos; cómo se carga a los obreros con trabajo “voluntario,” al que se le da este nombre porque se realiza sin paga, aunque les sea impuesto compulsoriamente por los sindicatos.

Se comenta cómo en Cuba, donde se había comenzado a desarrollar la idea de dar a los obreros participación en los beneficios de las empresas, que fué hábilmente explotada por los comunistas en su propaganda inicial, fué luego totalmente negada cuando ellos tomaron el poder, por ser contraria a los principios de Marx.

En la obra palpamos cómo el Estado totalitario comunista reduce al ser humano a “cosa,” a mero instrumento de su poder, matando toda posible esperanza y con ello toda la iniciativa personal.

En Cuba, en medio de los defectos que existían, se podía hacer uso de la libertad para superar las condiciones sociales, económicas y políticas. Partiendo de esta obra, pueden compararse ahora los resultados de dos principios políticos opuestos, pues si la democracia liberal capitalista pretendió en Cuba, y aún pretende donde mantiene el poder, llegar a la igualdad por la libertad, y el socialismo marxista busca alcanzar la libertad por medio de la igualdad, por los resultados obtenidos se nos hace evidente que la libertad dentro del capitalismo mata la igualdad, y que la igualdad dentro del socialismo mata la libertad, por lo que resulta necesario un concepto de la vida y de la historia que haga posible conjugar la libertad con la igualdad.