No me es fácil escribir acerca de Efraín Trelles, sensiblemente fallecido el 1 de abril de este año. Hacerlo es un poco escribir también de mí mismo, porque he perdido con él a un amigo y con su partida se me vienen encima los recuerdos de años intensos, duros y a la vez maravillosos que no volverán. No es este obituario la puntualización académica de sus aportes y las características del trabajo de un colega. No puede serlo. No lo puede ser porque el estilo de trabajo de Efraín se resiste a ser catalogado de meramente académico. Era un escritor e historiador brillante, pero a la vez no era él un académico al uso.

Escribo esta nota el día en que hubiera cumplido 65 años de vida intensa. Lo conocí en las aulas universitarias en 1974 y nos hicimos amigos en la...

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