Los contornos nacionalistas del estallido revolucionario de 1910 condicionaron las actitudes y los comportamientos de los revolucionarios hacia las distintas colectividades de extranjeros, y entre ellas, la española estuvo muy lejos de pasar desapercibida. Por el contrario, su extendida presencia a lo largo y ancho de México, y sobre todo, la asociación de esta presencia con agravios de raigambre colonial, determinaron que a la sombra del proceso revolucionario se reforzara una tradición hispanofóbica claramente perfilada durante el siglo XIX.1

En Hispanoamérica, el rechazo a los españoles fue un sentimiento extendido durante la primeras décadas de la postindependencia.2 La continuidad del poderío económico y la preeminencia social de los descendientes de los antiguos colonizadores frustraron las expectativas de un cambio que se pensaba inmediato, y en tal sentido, por ejemplo, resulta sugerente advertir algunas similitudes de lo ocurrido en México con el caso brasileño, donde actitudes lusofóbicas emergieron desde...

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