A comienzos del siglo XVIII, Nueva España, sustituyendo definitivamente a Perú, se convertiría en pieza clave de los flujos financieros que sostenían el Imperio Español.1 Y ello, gracias al ininterrumpido crecimiento de las voluminosas transferencias de excedente fiscal (ingresos menos gastos de la Hacienda Real) desde Nueva España a la metrópoli y otras colonias.2 Hacia 1800, esas transferencias alcanzaban una magnitud muy importante sea cual sea el indicador elegido.3 Es probable que ningún otro estado colonial moderno o contemporáneo haya logrado una extracción de recursos tan intensa y duradera de una de sus posesiones.4 Ello fue posible gracias al rápido crecimiento de la recaudación fiscal en Nueva España durante el siglo XVIII.5 Ya desde la década de 1760, el resultado perceptible es la duradera y creciente “sobreimposición” respecto a la metrópoli y una elevada presión fiscal.6

La historiografía del México borbónico suele presentar un...

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