Resumen

En este trabajo se utilizan los datos de los censos de 1950 y 1960 sobre las distribuciones demográfica, educacional y ocupacional de los Japoneses-Americanos después de las migraciones obligadas de la Segunda Guerra Mundial, para comparar ellogro de los Japoneses-Americanos de las zonas urbanas con el de los blancos de las mismas zonas.

En primer lugar, los datos muestran que la poblacións J aponesa-Americana ha aumentado en todas las regiones del país, especialmente en el Oeste (de 71 porciento en 1950 a 82 porciento en 1960). En segundo lugar, el nivel educacional, que era más 0 menos igual al de los blancos en 1950, era mejor para el sexo masculino y aumentaba a una tasa más rápida 0 era mejor para el sexo femenino en 1960. En tercer lugar, mientras que en 1950 las diferencias entre las distribuciones ocupacionales de los Japoneses-Americanos y los blancos mostraron concentraciones desfavorables para toda la estructura ocupacional de los primeros, para 1960 los J aponeses-Americanos se habian acercadoa los niveles de la mayoría blanca.

De acuerdo a esto, los datos permiten al autor concluir que si “minoría” significa la exclusión completa de la vida de la sociedad, no puede llamarse minoría a los J aponeses-Americanos. En conclusión, el autor sugiere que sería útil investigar los patrones de miqración. de los Japoneses-Americanos, pues si la redisiribución ha dado como resultado la inieqración, tpromovera ésta una mayor mobilidad para conseguir una mejor integración?.

Summary

This paper uses 1950 and 1960 census data on the demographic, educational, and occupational distributions of Japanese Americans, after the enforced migrations of the Second World War, in order to compare the achievement of the urban Japanese Americans to that of their white counterparts.

First, the data show that the Japanese-American population has increased in all regions of the nation, especially in the representative West (from 71 percent in 1950 to 82 percent in 1960). Second, educational attainment, which was about equal to that of whites in 1950, was better for males, and increasing at a faster rate or better for females, in 1960. Third, while in 1950 the differences in the occupational distributions of Japanese Americans and whites showed concentrations unfavorable to overall Japanese-American occupational structure, by 1960 the Japanese Americans had approached the levels of the white majority.

The data, then, permit the author to conclude that if “minority” means full exclusion from participation in the life of society, the Japanese Americans cannot be called a minority. In conclusion, the author suggests that it would be useful to investigate the migration patterns of the Japanese Americans, for if redistribution has resulted in integration, will integration promote greater mobility to attain better integration?

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